La vida es pura contradicción. Todo el santo día intentando entender para finalmente resignarnos al absurdo. La única salida pasa por reírnos de nosotros mismos, y esa risa, si es nostálgica, es patética. Y si es nostálgica lo es porque añora los esquemas mentales que lleva años intentando aplicar como le han enseñado a uno a aplicar.
Ocurre mucho que los términos y las situaciones, las fuerzas en contradicción, se muestran una y otra vez a lo largo de la historia y se dice, que aquellos que no conocen su historia están condenados a repetirla. Y conocer la historia es tener conciencia de los significados heredados de los humanos que estaban antes que nosotros haciendo aquí en este mismo mundo que, aunque diferente, sigue siendo básicamente el mismo. Podría parecer que tener conciencia es lo contrario a aceptar el absurdo de la realidad. Porque de nuevo nos encontramos ante un intento de entender. Pero de nuevo, tras creer entender algo, nos vemos rodeados otra vez de miles de dudas, de ideas inconexas, de tristezas y alegrías incontrolables, deseos oscuros, rabietas... y de nuevo, ante la imposibilidad de comunicarnos con ningún semejante en estos términos, volvemos a ahogar nuestra intuición en el seno de nuestra alma. Y finalmente llegamos al tedio, al aburrimiento absoluto, al vacío, y nos sentimos atados a la pata de una cama, incluso a una simple estaca. La vida es absurda, por la misma razón que la vida es amoral. Y cuando digo la vida me refiero a lo que en ella sucede, porque la vida es un concepto formado por lo que los seres vivos hacen mientras sus corazones laten, y la vida está representada únicamente por los seres que ahora mismo laten, los muertos estuvieron vivos pero ya no lo están, y ya nunca lo volverán a estar bajo esa forma.
Sé que parece que deliro y que mi discurso es puro bandazo, pero, a donde quiero llegar es a donde he empezado a contar. La vida es pura contradicción y como tal es extremadamente amoral. Los seres vivos a los que me refería, están vivos por primera vez. Ningún ser conoce. Los seres nacen con impulsos. Aun con ojos, oídos, gusto, olfato... aun así, los seres vivos chocan continuamente con todo lo que les rodea. Ora se muestran valientes, ora se muestran cobardes, se asustan y huyen. Cuando menos lo esperas vuelven a sacar pecho y a lanzarse locamente a la batalla, quizá como último recurso para intentar salvar su vida, quizá bajo la idea de que solo así merece ser vivida la vida, enfrentándose al entorno. Y todos los seres vivos nos sabemos inmersos en un entorno. Y lo seres humanos hemos creado un trastorno brutal. Hemos alterado bestialmente las relaciones en comparación con el resto de seres que viven en nuestro planeta.
Muchas veces se ha dicho que el ser humano es de naturaleza diferente al resto de los seres vivos. Esto puede ser cierto, y puede ser muy difícil de rebatir en ciertos aspectos. No podemos desdeñar el hecho de que el potencial del ser humano es descomunal respecto al resto de seres vivos. Lo único que ocurre es que aun no hemos tocado nuestro propio techo. Somos como un niño con un arma, es un jodido peligro, tanto puede dispararse a si mismo, como podría disparar contra cualquier otro ser.
Fundir el bien y el mal puede llevarnos al cinismo. Al oportunismo. A la soledad, a la pérdida de la esperanza de empatizar. En términos capitalistas es difícil rebatir estas ideas. Ocurre lo mismo que con el planteamiento de que el ser humano es de naturaleza diferente al resto de los seres vivos. Como decía, nos es que seamos de naturaleza diferente, sino simplemente que percibimos el absurdo de la vida. Nos reímos, y eso no lo hace ningún otro ser. La vida da igual más para cualquiera de los humanos que para una hormiga o para un árbol. En términos sociales, y en consecuencia mercantiles, capitalistas, saber esto puede llevarnos a pensar que lo mejor que podemos hacer en esta vida es ser descabellados. Solo que esto es solo el principio. Una vez desistes de esa idea, regresas de nuevo a ti. Regresas a tus impulsos. El humano, por muy anti-animal que pueda parecer, por ser profundo, mental, asesino, sensible, extremo... sigue estando unido a sus instintos más primarios, nuestra naturaleza entonces, es igual que la de el resto de los animales. Repito que la diferencia radica en que el humano es consciente del absurdo de la vida, de lo amoral de esta. Es consciente de que solo se vive una vez, por muchos dioses que nos metan en la cabeza. La manzana que cogimos del árbol estaba rica, y nunca volveremos a probar una igual, y eso lo sabemos todos, otra cosa es que lo reconozcamos. Otra cosa será que vivamos intentado aplicar unas técnicas burdas, torpes, toscas, difusas, amaneradas, acongojadas.
A través de la imagen de la realidad que nos dan, en cualquier cultura, no podemos entender el sentido real del mundo. En tanto que viajamos y nos enfrentamos a las contradicciones, y siendo siempre cautos, siempre atentos y curiosos, nos damos cuenta de este absurdo, sin ser necesario viajar mucho. Y en este mundo en que vivimos hay muchas personas que saben esta verdad velada, y aun así siguen con sus vidas prefabricadas, como todo lo que consumen. Solo los artistas, y más cuanto más puros, escapan a esto. Crean su propio mundo. Su razón de vivir consiste en llevar a sus semejantes a su mundo personal, o colectivo si es compartido, pero siempre limitado. Siempre absurdo, siempre cargado de expresión, de un idioma místico que busca poner el estómago del revés, que busca la carcajada, que busca la enajenación, que busca utilizar todo el esfuerzo del cerebro en una tarea inútil pero que es la única tarea propia del humano, genuina materia que ningún otro ser maneja. Hacer el idiota, dar movimientos en falso, sorprender, crear espectáculo, visibilizar, expresar, comunicar, enajenar, emancipar a las mentes del mundo. Las miserias del mundo tienen origen en el pensamiento de que la vida es subsistencia, cuando los humanos desperdician los víveres como quieren, y una gestión de la subsistencia y la libertad quedaría resuelta simplemente aplicando una escala de valores en la que lo más importante es hacer cosas improductivas, no hace falta comer superbien, dormir superbien, y follar mucho. Todo eso es fácil de conseguir. La gracia de vivir, la clave de la existencia radica en olvidar todo eso, en olvidarnos aun más de que somos animales que tenemos que subsistir, y enfatizar nuestra animalidad en su sentido más humano, utilizar toda nuestra fuerza intuitiva para crear impulsos, lenguajes, esquemas personales. Dedicar todas las horas de todos los días de nuestra vida a jugar con nuestro entorno. La política es un absurdo porque trata de buscar la mejor forma de organizar la sociedad, y cada facción ideológica apoya más unos aspectos de la vida diferentes, siendo todos ellos arcaicos, demasiado naturales, demasiado animales. El trabajo para alimentarnos, para tener una casa y vivir con dignidad, todo eso forma parte de ese esquema mental que nos impide aceptar que lo único que se nos da bien hacer son cabriolas, y tomarnos eso muy en serio, tan enserio como ahora nos tomamos el trabajo, y el futuro. El futuro es una convención, como todo lo demás, la realidad es la sustancia más plástica con la que nunca vamos a tratar. Admite muchas posibilidades porque en cada nueva manifestación hay una nueva reacción, y así hasta el infinito. La causa del caos de la mente humana quizá esté también en la naturaleza, y se dice que la naturaleza es armónica, ella da, ella quita. Y el humano, quizá sea la mejor obra de nuestra naturaleza, la mejor combinación que ningún ser vivo haya visto jamás, y quizá hayan habido otros seres más potentes aun que nosotros, pero como tantas otras ideas, esta no sirve para nada ser pensada, tomarnos como los más potentes es lo mejor que podemos hacer, mientras no se demuestre lo contrario.
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